La mayor parte de la red de espacios naturales en España se localiza en zonas rurales y, dentro de ellas, en zonas de montaña. Estos territorios tienen niveles de desarrollo socioeconómico bastante inferiores a los del resto del territorio nacional. Así, el conjunto de Parques y Reservas Naturales tienen índices más desfavorables en aspectos tales como la tasa de actividad y paro, el envejecimiento de la población o la renta per cápita (C.M.A., 1994). En estas condiciones, cobra especial sentido el ligar la política de conservación con la promoción del desarrollo social y económico de las poblaciones de estas zonas, siendo la actividad cinegética un elemento de gran valor para este fin. En la actualidad, la caza se plantea desde un punto de vista racional, en el que se trata de conjuntar tanto la perspectiva proteccionista, cuyo objetivo es no dañar los niveles tróficos ni perjudicar los ecosistemas, con la generación de recursos económicos especialmente en zonas desfavorecidas. Todo ello sin que la producción cinegética conlleve a un estado de domesticación de la especie y que pueda significar una mayor presión sobre el medio ambiente o restar aliciente al deporte cinegético, sino que permita una mejora del manejo y conservación de la fauna como medio de obtener mejores producciones, conservando la rusticidad y resistencia a las enfermedades. La trascendencia socioeconómica de la actividad cinegética en España viene reflejada por las siguientes cifras.
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